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El Danubio, que ha sido calificado como «un maravilloso viaje en el tiempo y el espacio», enlaza con el «tourisme éclairé» de un Stendhal o un Chateaubriand, e inaugura un nuevo género, a caballo entre la novela y el ensayo, el diario y la autobiografía, la historia cultural y el libro de viajes.
En palabras de su autor, el libro es «una especie de novela sumergida: escribo sobre la civilización danubiana, pero también del ojo que la contempla», y fue redactado «con la sensación de escribir mi propia autobiografía». Paisajes, pasiones, encuentros, reflexiones: El Danubio es, pues, el relato de un «viaje sentimental» a la manera de Sterne, en el que el narrador recorre el viejo río desde sus fuentes hasta el Mar Negro atravesando Alemania, Austria, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rumanía, Bulgaria mientras recorre al mismo tiempo la propia vida y las estaciones de una cultura contemporánea, sus certezas, sus esperanzas y sus inquietudes.Un viaje que reconstruye en forma de mosaico, a través de los lugares visitados e interrogados, la civilización de la Europa Central, con la inmensurable variedad de sus pueblos y de sus culturas, captándolas en los signos de la gran Historia y en las mínimas y efímeras huellas de la vida cotidiana, e identificando las nervaduras precisas: la presencia alemana, el peso de las minorías étnicas y de las culturas negligidas, la huella dejada por los turcos, la vigente presencia hebraica.
En resumen, un texto extraordinario como subrayó también la crítica española: «Obra Cumbre» (Mercedes Monmany); «Espléndido libro» (Joan Barril); «Obra enciclopédicaa, un libro de viajes que es a la vez ensayo, crónica histórica y ficción, un libro modélico. El Danubio es, ante todo, literatura, por las cualidades de su visión y estilo y por el ensablaje de todos los materiales en una arquitectura que pretende, y lo consigue, ser autosuficiente» (Miguel García-Posada).






En 1894, el capitán francés Alfred Dreyfus, un joven oficial judío, es acusado de traición por espiar para Alemania y condenado a cadena perpetua en la Isla del Diablo, en la Guayana Francesa. Entre los testigos que hicieron posible esta humillación se encuentra el coronel Georges Picquart, encargado de liderar la unidad de contrainteligencia que descubrió al espía. Pero cuando Picquart se entera de que se siguen pasando secretos militares a los alemanes, se adentrará en un peligroso laberinto de mentiras y corrupción, poniendo en peligro su honor y su vida.














